
El nombre no deja de ser una referencia fundamental que sintetiza la idea principal de la película, o sea, una manera de vivir dentro de la metrópolis a partir de otras relaciones sociales que tienen como aspecto primordial el control de sus habitantes.
El Alphaville Salvador ( a modo de ejemplo), , proyectado en el 2002, es un condominio cerrado de alto standing, con una infraestructura de ocio y un sistema de guardias de seguridad armados las 24 horas, formado por 412 residencias y 51 locales comerciales, que se vendieron en 48 horas, con principios urbanísticos que determina aspectos del comportamiento de sus habitantes, que están siendo adoptados como una especie de código de conducta.

Las fachadas de las casas tienen que seguir modelos preaprobados en una especie de servidumbre voluntaria, con muchas reglas. Hay un código que regula el color de cada casa, así como el de las cortinas. A no ser que sea blanca, el color de la casa no puede ser igual a otra que se encuentre en la misma calle, si no es que hay tres casas entre ellas. Las cortinas de las ventanas que dan a la calle deben ser blancas o en tonos blancos.

Es una vida consagrada a la “magia de Disney”, en la cual los habitantes –casi todos blancos– comparten celebraciones, en ese modelo arquitectónico y urbanístico que se aproxima a la imagen americana de sociedad perfecta, sin violencia o, por lo menos, lejos de la violencia de los grandes centros urbanos como NY o Los Angeles, puesto que el alto valor del metro cuadrado imposibilita el acceso a una residencia en esta urbanización a las personas de las clases más pobres.
Alguien apuntó que, en tales urbanizaciones, sólo falta la maternidad y el cementerio, razón por la cual Celebration se conoce también como “la burbuja”, habiendo recibido muchas críticas.
La segregación espacial crea barreras físicas, sociales y culturales con el entorno y con el resto de la ciudad. Este modelo privatiza espacios que deben, por excelencia, ser públicos, creando obstáculos al derecho a la ciudad. Sus habitantes también deben seguir un código de conducta específico que los lleva a pedir permiso para, por ejemplo, el mobiliario de los jardines, el color de las casas o para cortar más árboles. Ese hecho también se da en otros condominios.
Hay, por lo menos, algunos factores que delinean ese panorama: el desbordamiento de las grandes ciudades; el declive de los principios del Movimiento Moderno; el fin de las utopías (defendido por la derecha conservadora); una nueva metamorfosis del capitalismo (sociedad y economía de consumo), y la cultura de la violencia y del miedo (especialmente en Brasil)...