domingo, 20 de diciembre de 2009

Condominios privados, el Modelo Alphaville. Arquitecturas del Deseo II

El fenómeno experimentó, en la última década, un crecimiento acelerado, tipo mezclas entre el primero Alphaville de São Paulo y urbanizaciones como Celebration y Seaside.
En el caso de Brasil, el precursor de los condominios cerrados fue el Alphaville (1974) de São Paulo.

El nombre no deja de ser una referencia fundamental que sintetiza la idea principal de la película, o sea, una manera de vivir dentro de la metrópolis a partir de otras relaciones sociales que tienen como aspecto primordial el control de sus habitantes.

El Alphaville Salvador ( a modo de ejemplo), , proyectado en el 2002, es un condominio cerrado de alto standing, con una infraestructura de ocio y un sistema de guardias de seguridad armados las 24 horas, formado por 412 residencias y 51 locales comerciales, que se vendieron en 48 horas, con principios urbanísticos que determina aspectos del comportamiento de sus habitantes, que están siendo adoptados como una especie de código de conducta.

Recientemente se ha inaugurado una autopista de peaje, que comunica todas estas áreas metropolitanas que suman ya más de 150.000 hab. (foto).
Estas urbanizaciones cuentan con tiendas, bancos, teatro, cine, restaurante, iglesia, escuela, bomberos, hospital, campo de golf, canchas de tenis, hectáreas de parques y jardines, kilómetros de calles para caminar o andar en bicicleta, destacando por sus jardines bien cuidados, sus calles anchas y bien señalizadas, sus parques arbolados, y mucho más.

Las fachadas de las casas tienen que seguir modelos preaprobados en una especie de servidumbre voluntaria, con muchas reglas. Hay un código que regula el color de cada casa, así como el de las cortinas. A no ser que sea blanca, el color de la casa no puede ser igual a otra que se encuentre en la misma calle, si no es que hay tres casas entre ellas. Las cortinas de las ventanas que dan a la calle deben ser blancas o en tonos blancos.

El césped tiene que estar siempre bien cortado y la administración de Celebration debe aprobar cualquier adorno que se quiera colocar en el jardín. Debemos destacar que al adquirir una casa en esa comunidad, el habitante debe firmar un compromiso en el que deja constancia que debe esforzarse para mantener el espíritu de la comunidad. Según sus ideadores, lo que se pretende con ese modelo es recrear una forma de vida de vecindad que no tenga ni la promiscuidad de los centros urbanos en decadencia ni el aislamiento de las casonas de los suburbios.
Es una vida consagrada a la “magia de Disney”, en la cual los habitantes –casi todos blancos– comparten celebraciones, en ese modelo arquitectónico y urbanístico que se aproxima a la imagen americana de sociedad perfecta, sin violencia o, por lo menos, lejos de la violencia de los grandes centros urbanos como NY o Los Angeles, puesto que el alto valor del metro cuadrado imposibilita el acceso a una residencia en esta urbanización a las personas de las clases más pobres.

Alguien apuntó que, en tales urbanizaciones, sólo falta la maternidad y el cementerio, razón por la cual Celebration se conoce también como “la burbuja”, habiendo recibido muchas críticas.

La segregación espacial crea barreras físicas, sociales y culturales con el entorno y con el resto de la ciudad. Este modelo privatiza espacios que deben, por excelencia, ser públicos, creando obstáculos al derecho a la ciudad. Sus habitantes también deben seguir un código de conducta específico que los lleva a pedir permiso para, por ejemplo, el mobiliario de los jardines, el color de las casas o para cortar más árboles. Ese hecho también se da en otros condominios.

Hay, por lo menos, algunos factores que delinean ese panorama: el desbordamiento de las grandes ciudades; el declive de los principios del Movimiento Moderno; el fin de las utopías (defendido por la derecha conservadora); una nueva metamorfosis del capitalismo (sociedad y economía de consumo), y la cultura de la violencia y del miedo (especialmente en Brasil)...



Fuente: Elyane Lins Correa. Doctora en Arquitectura por la Universitat Politècnica de Catalunya y profesora Adjunta de la Faculdade de Arquitetura de la Universidade Federal da Bahia

5 comentarios:

Miguel Alvarez dijo...

Innopolis, supongo que vivir allí sería el sueño de muchas personas. A mi me produce una sensación muy triste, si solo falta la funeraria y el cementerio.

No obstante a medio camino entre esos tipos de condominios rigurosamente controlados hasta en lo mínimo, se me ocurre, algo que no mencionas, pero que seguramente existirá, "la comisión de gobierno y control de la la verdadera ciudadanía condominista" u organo encargado de vigilar la pureza de sangre de quien allí vive. Decía, que entre ese extremo y lo que hay por aquí de urbanizaciones selectas aún hay un trecho.

Hoy he visto en el canal viajar, creo, un documental sobre jardines en el ámbito de Ciudad del Cabo, desde el jardín cuidado y podado al milimetro y el jardin donde la naturaleza va fijando sus ritmos en los que conviven las hojas que van muriéndose con las nuevas que surgen. En ese deterioro obligado por la naturaleza también había belleza.

Saludos,

innopolis dijo...

Hola Miguel, pero sí que ha habido un cierto interés de las familias por vivir en zonas "exclusivas", apartarse de los problemas de los centros, con total dependencia del coche. No te digo ya en las urbanizaciones de playa, donde se producen abusos en relación con la administración de las urbanizaciones, con monopolios organizados para la prestación de servicios.
La cuestión es ¿es sostenible importar estos modelos? En España hay ya un mercado de viviendas de lujo en venta, por la crisis.
Saludos Miguel.

Amigo de la Dialéctica dijo...

Hola amigo Innopolis:

Esto también se está empezando a practicar aquí, en nuestro partido; algunos quieren vivir en una burbuja ajena a lo que pasa en la realidad.-

Las otras listas de SinDe: la de los represaliados en Villanueva de la Serena .

Recibe un muy fuerte abrazote amigo.

rasputín dijo...

Pues a mí no me disgusta, siempre que exista una ecuanimidad en el debe y en el haber de cada ciudadano hacia la Administración, y viceversa.
Sinceramente, y visto lo visto, me apunto; estoy harto de que paguemos todos para que sólo se beneficien los artistas y sus palmeros.
Abrazos.

Anónimo dijo...

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